“Esta vez sí o sí vamos a formar un gobierno” con esta frase el presidente del gobierno en funciones, Sr Pedro Sánchez, celebraba su amarga victoria en las últimas elecciones nacionales. Para algunos, yo incluido, la frase no fue muy acertada. ¿Por qué esta vez sí era posible? ¿Por qué era posible llegar a un acuerdo para formar un gobierno, al día siguiente, con Unidas Podemos y no había sido posible unas semanas atrás?
Creo que la situación de inestabilidad que vive la democracia española es causada por varios factores que merecen un mayor análisis pero esta entrada está destinada a enunciarlos.
Estos factores y su situación actual, desde mi punto de vista, hacen que la democracia española, entendida desde un punto de vista de cultura y participación política, se encuentre en una fase de transición y evolución hacia una democracia más real, participativa y (auto)crítica.
El primer elemento que creo tiene margen de evolución, es la clase política. La clase política en muchas ocasiones confunde fines con medios.
Si en teoría, la política, nace para resolver los problemas de un grupo de personas. Para nuestros políticos su fin último es maximizar votos. Son capaces de todo por ese fin, incluso el de convertirse en un problema para el país( según el INE, la mayoría de la población considera a los políticos como uno de sus principales problemas).
Los políticos son capaces de andar en la cuerda floja y hacer un difícil equilibrio para contentar a unos y otros, para no mojarse en cierto tema y no ver mermados sus votos.
Un ejemplo sería la cuestión catalana. Los gobiernos hasta ahora no se han atrevido a entrar a solucionarlo. Esta cuestión es un problema político que los políticos han de solucionar. No se puede mantener un gobierno basado en el art. 155.
El miedo a la no negociación es el miedo a que se les tilde de gobierno español que quiere romper la unidad territorial.
La Constitución Española en su art 2 establece que ella misma se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles(…) este artículo legitima y apoya a resolver y negociar lo necesario para mantener la unidad de España.
Por lo tanto negociar y resolver la cuestión catalana es necesario y es un deber del gobierno que esté al frente, ese es el fin, si por el camino se pierden votos, es el precio político que hay que asumir, aunque si se explica a la ciudadanía seguro que el coste no es tan alto como el coste de mantener el problema.
Un segundo elemento, que creo que debe y puede evolucionar es el sistema institucional, y en especial el sistema electoral español.
Un sistema en el que no tiene el mismo valor un voto emitido en Murcia que en Madrid para conseguir un escaño no es justo, si además se suma que en el reparto de votos, un voto de una persona puede llegar a sumar a un partido con el que no está de acuerdo, convierte al sistema en desigual y al servicio de los grandes partidos.
Por último, desde mi punto de vista, la ciudadanía debe evolucionar también. En la actualidad se considera alguien muy democrático si acude a votar en todas las citas electorales. La democracia debe ir más allá. De la ciudadanía se espera que sea crítica, que cuestione a los políticos, a los partidos políticos, sin cuestionamiento no es posible la evolución. La ciudadanía no debe defender a a los partidos políticos sólo por las siglas, que los mítines electorales sean debates y las personas puedan hacer cuestiones a las personas candidatas, en definitiva hacer que las campañas electorales sean bidireccionales.
Hay elementos de participación directa que la ciudadanía debería exigir a nuestra democracia, como por ejemplo, una iniciativa legislativa popular más real y alcanzable o la posibilidad de celebrar referéndum revocatorio sobre un cargo electo (si no cumple con sus funciones) posibilidad que existe en países como Suiza, Canadá o EE.UU, estos son sólo algunos ejemplos.
Por todo ello creo que hay espacio para la mejora de la cultura política española, en su día los políticos y la ciudadanía de la transición española estuvieron a la altura y pusieron por delante los fines a todo. Ellos y ellas habían sufrido una dictadura…¿es necesario llegar hasta ese punto para entender que hay que dar un paso más en la democracia española? Estoy convencido de que no.
Javier
La clase política es un fiel reflejo de nuestra sociedad. Se corrompe, como casi todo. No acaba siendo para el fin que nace. A veces las dictaduras parecen necesarias para que el sistema político y democrático se vuelva a regenerar, hacen como un «reset» porque pareciera que nos quedáramos colgados discutiendo en unos temas tan absurdos que hacen que se nos olvide la esencia de la política, y nos llevan a desarrollar intereses que machacan los principios fundamentales de la misma.
Seamos críticos, reaccionemos, tomemos conciencia porque somos quien debemos poner y quitar a nuestros representantes cuando lo hacen bien o mal. Si perdemos la crítica y entramos en el «me da igual», «no se puede hacer nada»… Nos acabarán distrayendo del verdadero objetivo con el que los pusimos ahí, gestionar, organizar y resolver nuestros problemas como conjunto, y no echar carreras sin árbitros para ver quién llega al sillón calentito 4 años más, da igual el medio.
En fin, solo nos queda inculcar y educar a nuestra sociedad, para que transforme su punto de vista y se vuelva más crítica y reivindicativa, y que no deje que se rían de nosotros. Es un trabajo de todos, porque si no, acabaremos volviendo a tener una dictadura, y lo peor es que a muchos, les vendría de perlas…
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Estoy convencida de que la solución a todos estos problemas difiere absolutamente de «tirar la toalla»…comparto la idea de que es necesaria una revisión del sistema,que ha crecido,madurado y ha llegado a un punto en que hay que variar lo que se ha comprobado que no funciona…..
Nuestros políticos tienen la obligación de actuar ,como mínimo ,con la misma inteligencia,seriedad y con la honradez que demuestra esta reflexión de un ciudadano de a pie…
Isabel
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