Cuando a mitad de marzo en España ya no hubo más remedio que decretar el Estado de Alarma, confinar a todo el país y sólo permitir las actividades esenciales, no fueron pocas las voces críticas que buscaban culpables a la situación en la que acabábamos de entrar.
Muchas personas, entre ellas yo mismo, achacaron aquella situación a la falta de previsión del gobierno para hacer acopio de material de protección, de pruebas de diagnóstico en cantidad y calidad suficiente para hacer frente a una realidad, que por otra parte era más que probable que llegase a nuestro país.
Otras personas, o incluso las mismas, achacaron la rápida propagación del virus a la celebración de manifestaciones feministas multitudinarias, concentraciones deportivas, mítines de partidos políticos y demás eventos de la antigua normalidad.
Hoy, después de poco más de veinte días desde el fin del Estado de Alarma . en España se contabilizan más de 100 rebrotes conocidos de Covid-19.
Esta vez las autoridades parece que están haciendo bien su trabajo, el sistema de alerta temprana está funcionando, las personas afectadas se conocen, se aíslan. A ellos y al resto de las personas que han podido estar en contacto con la persona enferma, se les realizan test de diagnostico del virus y si el resultado es positivo se les pone en cuarentena. Hay equipos de rastreadores que siguen las conexiones y contactos que hayan podido realizar las personas infectadas. Es cierto que pudieran ser más personas las que se dedicaran a rastrear el hilo del virus de persona a persona, por supuesto sería mucho mejor, pero sería enormemente más efectivo si todas y todos actuásemos de manera precavida.
Todos tenemos familia y amigos con los que nos gusta quedar, abrazarnos, tocarnos, besarnos y con los que nos gusta quedar a comer, cenar, bailar, charlar, y la realidad es que casi todas esas cosas se pueden seguir haciendo pero con precaución, porque ahora la responsabilidad ya no se la podremos echar al gobierno o a las autoridades, ahora es cosa nuestra.
No muy lejos de nosotros, nuestro vecino Portugal, nos dio una valiosa lección de aprendizaje. Ellos y ellas mucho antes de que el confinamiento fuera obligatorio ya se habían confinado, mucho antes de que los colegios cerrasen los niños y niñas dejaron de asistir a clase, y las empresas empezaron a pedir que sus trabajadores, siempre que fuese posible, trabajasen desde casa.
Esto se produjo, entre otros factores, debido a que el sistema de salud público portugués no gozaba de mucha confianza entre los ciudadanos y como no se fiaban de que el sistema fuese a aguantar, la mayoría de las personas decidieron ser precavidos y quedarse en sus casas. Las cifras les dieron la razón, hoy, mitad de julio de 2020, han fallecido 1.660 personas, y se han infectado algo más de 46.000 personas. En España han perdido la vida más de 28.400 personas vinculadas al Coronavirus.
Es necesario que seamos conscientes de que a pesar de que seamos jóvenes y pensemos que no nos va ocurrir nada grave porque somos fuertes, hay que pensar más allá del individualismo.
Acuérdate que visitarás a tus padres, abuelos y amigos vulnerables sin ellos ser conscientes, puedes estar poniendo en riesgo sus vidas al no ponerte la mascarilla o no guardar la distancia de seguridad mínima.
Además de eso que te toca en lo más cercano, estás poniendo piedras en el camino a la recuperación económica, la educación, el empleo y la subsistencia de muchas personas que han visto o verán perder su trabajo, su fuente de ingresos por este virus o su futuro profesional.
Esa actitud es la que está poniendo en jaque a países enteros, potencias globales como EE.UU. o regionales como Brasil no saben cómo hacer frente a los desastrosos números de la pandemia.
Por estas razones y otras que se me escaparán sé prudente, puedes hacer prácticamente todo lo que te propongas pero con cautela, si actuamos con esa lógica, los efectos del virus serán menos devastadores para nuestra sociedad.
Llegará el día en que podamos volver a nuestra vida habitual, cuando tengamos la vacuna, pero mientras tanto debemos cuidarnos, por nosotros y por los demás.
Sé responsable y cuídate. Por dos razones fundamentales, por un lado, si no somos prudentes puede que la semana que viene podamos hacer menos de lo que podemos hacer hoy y quizá no lo podamos hacer con todas las personas que queramos porque algunas estarán hospitalizadas o hayan fallecido por causa del virus y por último esta vez la culpa no será de otros.